Oblomov de Ivan Goncharov

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Ya ni me acuerdo de cuando añadí este libro a la “wishlist” de GoodReads, y seguramente fuera gracias a las recomendaciones de esa web. Se quedó allí durante siglos hasta Halloween del año pasado. Hacía un tiempo maravilloso para ser Nueva York en otoño y era festivo. Sólo tuve que ponerme la chaqueta más gruesa que me traje de Barcelona, gorro, guantes, y bufanda.

Este año como que el otoño y el invierno habían tardado en llegar, las hojas de los árboles seguían verdes, o simplemente ya se habían caído. Aún así, pasear por Central Park fue para mí todo un lujo. En los tres meses que llevaba por entonces en la ciudad, era la segunda vez que entraba en este parque, que está a diez minutos andando de mi casa. Por algún motivo quise recorrerlo de arriba a abajo, así que rodeé el primero de los lagos, seguí por una de las grandes carreteras llenas de ciclistas, y acabé en el extremo más cercano al Upper East Side. Justo allí hay una paradita de la librería The Strand que se conoce en Nueva York por sus libros de segunda mano. Obviamente no me pude resistir y empecé a rebuscar entre libros y allí encontré Oblomov.

Atrasé mi lectura hasta el verano porque sabía que siendo literatura rusa del siglo XIX Oblomov sería algo denso y bastante deprimente. No andaba muy equivocada. El protagonista de la novela, Ilya Illytch Oblomov, es un joven barin, con tierras en algún sitio del descomunal imperio ruso que vive en un apartamento de San Petersburgo con su criado Zakhar. La novela empieza en un día de primavera en el que era tradicional ir al parque de Ekaterinov. Sin embargo, a Oblomov le notifican que debe dejar su piso y que las finanzas de sus tierras están en un estado deplorable. Estas noticias no sumen a Oblomov en la tristeza porque vaya corto de dinero o porque eran las tierras de su familia si no porque implica hacer algún tipo de esfuerzo. De hecho, durante las primeras doscientas páginas de la novela, varios personajes visitan la casa de Oblomov y no consiguen que salga. De verdad que no puedo expresar la frustración que sentí cuando, página tras página, hora tras hora, este chico seguía en bata y sin salir de su habitación. Tal nivel de inactividad y desgana puede llegar a ser muy estresante.

Por suerte, hacia la mitad de la novela las cosas cambian y la historia se vuelve más interesante. Principalmente esto se debe a la introducción del personaje de Olga que conoce a Oblomov en una de sus raras salidas al exterior. Ella es alguien lleno de ganas de vivir, que ve belleza en todas partes, y que por algún motivo se queda prendada de Oblomov, y él de ella. Debo decir que este personaje me ha resultado muchísimo más interesante que el protagonista. Al principio es fácil influenciarse por cómo Oblomov la ve, alguien infantil, simple, ingenuo, ya que disfruta de la vida y no conoce ese terrible sosiego y pereza que le arrastra a él. Sin embargo, poco a poco vislumbras a una mujer fuerte con dominio de sí misma y que toma las riendas de su vida.

A partir de aquí hay  (pequeños) spoilers.

Lo que más me gustó del personaje fue que en un momento de la novela también sufre de la “enfermedad” de Oblomov. Poco a poco deja de hablar con sus amigos, se pasa todo el día en la cama, ve su vida como algo trivial, sin objetivo, o que dichos objetivos ya no valen la pena, que todo es en vano. Y sin embargo tiene la fuerza para salir de esa situación. Sin embargo, no vuelve a ser la misma, ese periodo de su vida le deja marca, tiene un efecto sobre su personalidad, pero ella sigue adelante.

El personaje de Agafia sale muy puntualmente en la novela y me hubiese gustado saber más de ella. Es la mujer de Oblomov, aunque en realidad parece que sea su mujer de la limpieza por el caso que le hace. Por eso me hubiese gustado que la novela contase como se casaron – cómo lograron que el señorito saliera de su habitación para casarse, en serio –, como tuvieron un hijo – porque a Oblomov le da pereza hasta quitarse las zapatillas y andar, así que del resto ya ni hablamos –, y como evolucionó su relación con los años.

Fin de los (pequeños) spoilers.

Oblomov es un libro interesante que presenta a un personaje que, aparentemente, es un retrato de muchos jóvenes rusos de la época que ahora llamaríamos ni-nis. Aunque la exposición de su personalidad y su descenso a los abismos es algo previsible, los personajes secundarios fueron para mí la gran fuerza de la novela. No lo leáis cuando estéis en un momento en el que no os apetezca hacer nada.

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